jueves, 30 de junio de 2011

Un poema de amor a Cuba


Señora hermosa, de praderas
y llanos, dueña del viento
y de los cuentos del guajiro
déjame oír tu sonoro canto.

Revélame el secreto
de tu encanto
de tu sin par gallardía
dame en una gota de lluvia
tu inmarcesible alegría.

Aunque no nací bajo tu manto
me adoptaste como tu hijo
y en tu casa comí y bebí,
tus hijos ahora son mis hermanos.

Negros, mulatos, rubios, rojos
o de color indefinido como el mío,
ellos me enseñaron a amarte
y yo aprendí a quererte tanto.

Dos patrias suspiran en mi pecho.
¡Cuba y Nicaragua!
Por siempre y para siempre hermanas
una es fervorosa novia del Mar Caribe
la otra devota amante del Momotombo.
¿Como no amarte?
Mi Cubita bella y hermosa
de africana testa.
La palma real
que es motivo de tu encanto
fue la que me inspiró este canto.

Aunque lejos de ti me encuentro
ansío besar tu tierra roja
sentarme en tu Malecón habanero
sentir como acaricias con la brisa marina
mi cuerpo ya curtido.
¡Perla del Caribe!
Se que volveré a verte.

Reno Nevada 30 junio 2011

miércoles, 1 de junio de 2011

Niño triste



Desde el infinito un niño triste
como yo nos mira,
es aquel querube del anterior poema,
alas de mariposa nocturna
voz de cenzontle encantado,
guardabarranco en hueco ajeno,
melancólico nos espera allá en la nada.

Un niño triste como yo
nos espera con impaciente paciencia
sin tiempo ni reloj de arena
ansía el reencuentro de nosotros cuatro.

Piel de estrella
cabellos de luna
sonrisa de cielo
a pesar de tanto esplendor se parece a mi y a ti.

Yo amé a ese niño de pies alados
aún sin conocerlo,
sus manitas transparentes parecen las
alas de una frágil libélula
Y sus ojos de océano todo lo escrutan.
Y era mío y tuyo
óbito de tu fecundo vientre
prefirió volar en una nube ecléctica
que nacer en la tormentosa calma doctrinal.

El me dice: “¡Ciñe tus lomos,
quita el luto que ahora llevas!”
Limpió las cenizas esparcidas en mi cuerpo
se fue por la mañana en una gota de rocío
diciéndome :”¡La Aurora es inmortal!”

¡Oh mi pequeño querube!
Divino ser alado
dame tu aliento,
quita de mí el oprobio.



Contador