A la eterna memoria de mi tío Julio Alberto.
Siempre he tenido la idea que no estás muerto.
Aquel día te marchaste bajo una lluvia generosa.
Tu uniforme verde olivo era la esperanza de
que te volvería a ver.
Aún guardo la promesa que me hiciste, yo era un niño,
creciendo sin inmutarme por el olor de la guerra,
mirando los rostros de las madres llorando por la perdida
irremediable de sus mejores hijos.
Las guerras ¡Todas son injustas! vengan de donde vengan.
No hay justificación para segar vidas preciosas.
Te arrancaron de nuestro lado y aún nos duele tu prematura partida.
¿Dime dónde estás? porque ni tu cuerpo pudimos ver inerte.
Ahora siento tu presencia, cuando pones tu nervuda mano sobre mi cabeza.
Todos lloramos en presente tu partida y queremos verte,
domando broncos corceles en las paradisíacas costas de Ometepe.
Te recordamos siempre y no nos acostumbramos a tu ausencia.
Nada me consuela cuando pienso en el futuro que te robaron.
La insensibilidad y el odio ajenjo.
Te he soñado feliz, viejo, lleno de progenie;
Por eso he hecho por tí convenios sempiternos.
Espero que los aceptes y poder verte
cuando venga el cielo y tierra nueva por siglos esperados
¡Señor! no tardes en venir y redime a tus muertos,
trae tu Pax infinita, tu Gloria y AMOR por siempre.
¡No tardes, no sea que cuando vuelvas
encuentres un valle de huesos secos!
Marzo 12, 2008
Reno, Nevada.
domingo, 17 de octubre de 2010
lunes, 11 de octubre de 2010
La luna asoma
Cuando sale la luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.
Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.
Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.
Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo.
Federico García Lorca
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.
Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.
Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.
Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo.
Federico García Lorca
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