miércoles, 3 de febrero de 2010

Canción de amor para Haití

Duerme mi negrito pelo de alambre
que la noche se hace eterna y temblorosa,
fue necesaria esta desgracia
para que los ojos del mundo se posaran en ti.

Niños abandonados, deambulan sonámbulos
por las calles de Puerto Príncipe.
Al temblor eterno de sus abultados estómagos
se sumó el bramido de la tierra.

Desfilan los ricos, artistas y deportistas sobre
la alfombra negra de tus calamidades.
Haciendo gala ostensible de sus generosas
contribuciones, antes que temblara la tierra
no les dolía la conciencia por tu calamidad de siglos.

Vivían sus vidas descoloridas entre derroche y lujo.
Antes que la tierra bramara en Haití, aquí nadie sabía
que habían seres humanos que no necesitan nuestras
limosnas por más millonarias que sean, sino el abrazo
fuerte de la solidaridad y el apoyo desinteresado.

François Mackandal lloró desde su pira ardiendo
convertido en aurora y remolino, gimió por la
insensibilidad del mundo hacia su tierra.
Por eso tomó por última vez su machete he hirió
el corazón de la tierra que desprendió su fuerza incontenible.

Haití cayó derruida y la sangre de sus mejores hijos
se derramó en la tierra, abona el porvenir de los sobrevivientes.
Siempre, después de la noche viene el día y Haití se levanta
más fuerte que nunca, no olvidemos esta amarga lección
construyamos unidos un nuevo porvenir.

Despierta mi negrito pelo de alambre.
Enjuga tus lágrimas, llénate de valor,
camina erguido porque en el polvo y en el aire
se respira un tambor de libertad.

Reno NV
20 Enero 2010

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